Hoy por primera vez, al menos que yo recuerde, mi hija dejó que el miedo le ganara, no es el fin de la historia, ni es algo permanente, pero es uno de los tantos recuerdos que creo que, como padre, vale la pena conservar. Fuímos a una clase de ballet en una escuela nueva, ella estaba muy emocionada hasta el momento de la clase, pero el hecho de ser maestra diferente y compañeras diferentes hizo que le ganara el miedo y se aferró a mí, las profesoras intentaron un par de dinamicas, pero al final no funcionó, no tomó clase y nos fuímos antes de que terminara.
Al final cada caso es diferente, no vale la pena generalizar, pero creo que simplemente quiero escribir por dejar constancia de las pequeñas cosas que dan sentido a la vida. Lo que le pasa a ella me hace pensar, inevitablemente, en mi propia infancia, y en que a veces uno quiere ser diferente pero termina por ser igual, es muy difícil romper con los hábitos y los patrones. Estamos pasando por un momento difícil (no se trata de comparar, yo sé que hay muchísimas personas en situaciones mucho peores) y pienso si no será un error hacer las cosas como las hago, y en que tan buenas serán las alternativas, intento pasar mucho tiempo con ella porque creo que era algo de lo bueno que tenía mi familia, pero quizá no lo era, quizá es mejor que los niños entiendan desde el inicio que la vida se vive sólo, quizá es lo que enseñan las culturas dominantes y es mejor para sobrevivir aunque sea de un modo feo, visto desde la perspectiva de los dominados. Quizá todo se mezcla un poco y no tiene importancia, pero yo creo que es bueno hablarlo; quizá hablarlo de más es otro de los grandes errores que aprendí de mi familia, al final la vida termina por hacerse con hechos y no palabras, y parece que eso de pensar mucho las cosas tampoco asegura un buen futuro.
Maia me preguntó si estaba enojado, le intenté explicar que no, que estaba triste, pero creo que no puede entender lo triste que estoy, no tiene nada que ver con su decisión, pero es una de esas cosas en las que de verdad deseaba que no se pareciera a mí, y quizá mi actitud sobreprotectora en lugar de darle seguridad termino por hacerla insegura. La vida sigue y no vale la pena enojarse, pero siempre había admirado su independencia y, de algún modo, hoy se rompió eso, pero tampoco creo que sea permanente y no vale la pena sobreanalizarlo, ya imagino muchos comentarios de personas que conozco que me dicen que no debería de escribir esto, que hace más daño, que no soy psicólogo, y otras tantas estupideces. Últimamente he pensado mucho al respecto y mi conclusión es que las cosas tienen que decirse, no imponerse, no darles más importancia de la que tienen, pero no guardarse, y del mismo modo, uno tiene que evitar a toda costa envolverse en conversaciones con personas que son muy buenas para hablar de libertades pero terminan por censurar a los otros sin ninguna crítica constructiva. Los niños tienen sueños y miedos, los adultos también los tenemos, pero algunos se escudan en la experiencia de como es el mundo para justificar esconderlos.
Espero que recapacite, pero no voy a imponer ninguna decisión, tampoco puedo pretender que nada pasa, como siento que muchas veces se espera en una sociedad en la que algunos padres creen que el poder es un buen medio para evitar las consecuencias de las malas decisiones, cada vez creo menos en las teorías de niños felices que muchas veces he visto que se convierten en monstruos al crecer sin límites, claro, mientras fueron niños fueron felices, y es lo que importa. Recapacitar en que sentido, no quiero que entre a clase por mí, si quiere ir tiene que ser por ella, quiero que entienda que la vida cambia y a veces podemos decidir tomar o dejar pasar lo que hay, pero no podemos cambiar el presente; quiero que entienda que en la vida nadie la va a obligar ni a hacer ni a dejar de hacer cosas, pero ambos caminos tienen consecuencias; finalmente, quiero que actúe congruente con ella misma, si le gusta el ballet que continúe, si no le gusta lo suficiente, que aproveche mejor ese tiempo para hacer algo que le guste más.
Con tantas cosas en el mundo moderno y la, siempre presente, opción de preguntarle que hacer a AI, escribirlo me ayuda a aclarar mis pensamientos, y no, no suelo preguntarle a internet, sea AI o no, como educar a mi hija, y no empezaré a hacerlo ahora.