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Reflexiones de fin de año, primera parte

Migsar Navarro - 2025-12-21

#Español
#Opinión
#Sesgo de supervivencia
#Sesgo de autoservicio
#Talento

Desc Foto creada con Inteligencia Artificial.

Leía el encabezado de un email ayer por la tarde: “¿Por qué la gente con mucho talento es normalmente ambiciosa?”, me parece que tendríamos que pensar la relación de modo contrario, por qué la gente ambiciosa parece tener mucho talento. Claro, ya cambió un poco el sentido original de la frase, ya no afirma sobre una consecuencia sino que cuestiona la relación que antes reafirmaba, ahora podemos pensar en dos cosas:

  1. El sesgo de supervivencia.
  2. El sesgo de autoservicio.

El sesgo de supervivencia

El sesgo de supervivencia habla de analizar a un grupo que paso un proceso de selección e ignorar, a veces involuntariamente, a los que no lo hicieron, para determinar las características de los que pasaron este proceso.

Puede parecer que no está relacionado pero vamos a desglosarlo. Siempre hay un criterio de evaluación, no se trata sólo de la escuela sino que durante toda la vida estamos sujetos a la evaluación continua por parte de la sociedad y, finalmente, por nosotros mismos. Esto es parte de la vida, quizá podría ir asociado a la definición misma de educación, cuando los padres educamos a nuestros hijos intentamos que repitan ciertos patrones que asociamos con el bien e ignoren los que asociamos con el mal.

Por otro lado, siempre hay un porcentaje de gente que se encuentra entre los mejores y otro entre los peores, también se trata de una definición, si todos terminan en la misma posición el criterio se vuelve irrelevante e inútil. Puede parecer que se trata de una construcción artificial, pero al final cualquier métrica en una escala continua permitirá ordenar.

El problema es que es muy fácil pensar que se trata de un resultado intencional en algunos casos, como en el de la gente con talento. Y esto es el inicio para pensar que el éxito depende de la persona, algo de lo que hablaremos en la siguiente sección. También es muy fácil pensar que con analizar el éxito es suficiente, partiendo de que es algo que una persona hace conscientemente. Sin embargo, en muchos casos al dejar de analizar a los que no tuvieron éxito uno se pierde una buena parte del panorama.

El sesgo de autoservicio

El sesgo de autoservicio tiene que ver con el hecho de atribuirse los éxitos y atribuir a otras circunstancias los fracasos.

Tenemos otro sesgo que me parece muy relacionado con el anterior, en este caso tiene que ver con la percepción de las personas, que termina por afectar sus actos e interacciones con los demás. Una vez que empezamos a pensar que el éxito es puramente intencional (es importante la diferencia entre puramente y parcialmente) es fácil pensar que lo que uno hace es el principal factor determinante, y por consecuencia, pensar que el fracase de los otros también depende de lo que no hacen.

Para los que no tienen éxito es fácil pensar que se debe a las circunstancias ajenas. Al final, es muy difícil tener una visión clara y objetiva cuando se trata de asuntos importantes para uno mismo, y esto es precisamente lo que ha hecho que sea tan difícil estudiar estos sesgos.

El éxito en el mundo moderno

En este momento hace mucha falta pensar un poco mejor en el tipo de relaciones que tenemos y en el tipo de vida que estamos configurando. La frase la leí en un mail de una de tantas suscripciones relacionadas con liderazgo y startups, me parece que es una narrativa muy común y que los conceptos y las herramientas modernas la amplifican sin pensar mucho, lamentablemente tiene un efecto muy real en todo lo que nos rodea.

Me gusta la tecnología y me gusta la idea de tener una startup, pero me gusta también pensar en los pequeños detalles y en cómo se hacen las cosas. El principal punto de todo esto es que la idea de éxito que se vende no es sostenible, y ha traído bastantes problemas, no se trata de ser pesimista, o de negarse al progreso, se trata de entender que cada vez es más difícil participar en la toma de decisiones que lleva a ese progreso y es alarmante. Hace falta un poco de empatía y pensar que muchas veces tanto el éxito como el fracaso no se deben exclusivamente características personales, pero eso también complica mucho las cosas y acaba con el frenesí de acción que domina el mundo.

El talento y la ambición son componentes necesarios de la sociedad, pero el como la configuran depende de nosotros. No todo es una competencia, y el problema es aún peor cuando los que piensan que sí es y no entienden las diferentes manifestaciones de ambición que no se traten de mostrar superioridad terminan por obligar a todo mundo en su ridícula lucha por obtener reconocimiento.